lunes, 11 de julio de 2011

¿ES UN PRODUCTO CULTURAL, EL COMERCIO CON OBRAS ARTÍSTICAS?

¿Que papel debería jugar el Estado en la tarea de salvaguardar la producción artística y cultural?

El modelo de estado actual, está cruzado por presiones internacionales, que no tocaban de manera tan plena, al estado del siglo 17 o 18. Los boques de poder que se han creado, no sin la ayuda determinante de gobiernos títeres, ejercen de manera económica, social, política y cultural, una estrategia de nueva colonización, con el fin de asegurar relaciones favorables, esto quiere decir inequitativas, para los pueblos con niveles básicos de participación política. Son este tipo de estados, hipotecados de antemano por gobiernos cómplices, los que tienen el poder para desarrollar políticas culturales. Por eso, no es raro, que todavía se ejecuten programas con consignas tan anacrónicas, como “la participación de nuestra identidad en el concierto de la globalización”, que es ni más ni menos, la misma visión de los conquistadores españoles, que llevaron  muestras de especies animales, vegetales y seres humanos, a los reyes de sus territorios. “…Lo que en antaño eran prácticas de conquista o defensa, se transforman además en acciones de sojuzgamiento al interior de los mismos colectivos que comparten el espacio físico y la identidad cultural…” (UNAD, Especialización Educación Cultura y Política. Asignatura Perspectivas Culturales. Módulo del curso.)
La misma relación entre los subgrupos que componen una supuesta cultura nacional, hace pensar, que estas, se dan de manera no equitativa, existiendo una parte de esta que reflexiona, que estudia, que incluso, abandona los roles y las raíces, para componer una autoridad cultural, donde hay intelectuales, investigadores y funcionarios gubernamentales que rigen las políticas culturales desde intereses particulares. Es de suma importancia para esta franja poblacional, mantener las manifestaciones culturales, como elementos alejados de las decisiones presupuestales y políticas, mediante la idea de que esas manifestaciones deben ahondar en su hacer artístico, exclusivamente. Para ello, organiza toda una estructura de certámenes, estímulos, concursos, que si bien es cierto, llaman la atención al resto de la población, sobre elementos identitarios, no incluyen en su agenda, la ampliación de su visión cultural,  hacia la satisfacción de derechos mínimos. Pareciera, que como al igual que en el deporte, los artistas tuvieran que salir de los más alejados y olvidados rincones de la geografía, para que sea tenida como meritoria su acción. Sin embargo, en los espacios internacionales, en los que por una u otra razón, nuestros artistas se hacen notorios, las entidades gubernamentales, suelen hacer notoria una presencia, que al interior del país, es apenas notoria, dados los escasos recursos con los que cuenta. “.. La búsqueda del máximo beneficio inmediato pone en peligro la producción de las obras más nobles de la humanidad Es la supremacía de un poder comercial que impone sus intereses en contra del arte universal…” (BOURDIEU PIERRE. Sociólogo, profesor del Colegio de Francia. Artìculo “Más ganancias, menos cultura”.)
En este último sentido, la preocupación presupuestal de los gobiernos, no está dirigida hacia lo cultural ni lo artístico, aunque si incluye dentro de su política tributaria, unos gravámenes fuertes para dicho gremio. Es uno solo el criterio frente a las producciones artísticas: Que sean rentables y en esa lógica, emite reglamentaciones que conviertan la actividad en empresa y como empresa, está a la expensa de los grandes grupos económicos. Ese fenómeno es evidente en la televisión, en la que dos grandes empresas, manejan lo concerniente a la música, la actuación, los programas culturales y sobre todo, la opinión, que es finalmente el factor que  crea la opinión y con ella, fija los caracteres culturales. Últimamente esta dinámica se ha trasladado al cine, en el que las producciones con capital mixto, hacen que los productos cinematográficos, tengan mensajes claros hacia el consumo de valores, principios, servicios  y bienes, de las empresas patrocinadoras. Es claro que no habrá una crítica abierta ni contundente hacia modelos administrativos o gubernamentales, que favorezcan la legitimación de intereses de minorías, sobre las mayorías populares. Fuera de esta llave que es más articulada que oponente, hay empresas pequeñas que marcan una diferencia, pero que por su poca cobertura, no alcanzan a hacer de sus mensajes, insumos para discusiones ciudadanas, que transformen la realidad.
¿Cómo intervienen las fuerzas del mercado en la producción cultural y que efectos tienen sobre ésta?

La deuda externa que consume a la mayoría de las economías dependientes, determina sobretodo una planeación hacia la cancelación de esa deuda, que en su gran mayoría se ha destinado a enriquecer a los gobiernos de turno, que ceden su puesto a sectores identificados con sus intereses. Esta deuda no cesará, hasta que la propia participación ciudadana, identifique en ella un agujero negro, que además de absorber todos los recursos, ejerce una fuerza de desgaste en las demás intensiones de desarrollo. Por este fenómeno, la inversión en una política cultural participativa, diversa e incluyente, se da solamente en las zonas del país, en las que las mayorías determinantes del factor político, son las minorías a nivel del país. Por ejemplo, departamentos  como Antioquia, Valle, Cauca, Nariño y algunos departamentos de la costa Atlántica, en los cuales la presencia indígena y afrodescendiente, es mayoritaria, las realizaciones en comunicación visual demuestran apertura hacia la diversidad. Sin embargo, este compromiso – con todo y su carácter de estrategia política – aún no logra llegar a canales del centro del país, en los que se hace clara y cada vez más creciente la presencia de empresas culturales, en radio y televisión, de tipo religioso, que hacen tabla rasa sobre toda condición social, cultural y económica, retrocediendo hacia estadios del reconocimiento cultural, que habían sido superados con la constitución de 1991. “…Estas relaciones de identidad son por consiguiente de suma importancia para la vida social e individual, incluso en el destino de las confrontaciones entre grupos o naciones, donde la identidad y cohesión de los colectivos en contienda termina definiendo el curso de las acciones bélicas, aún en el caso de rivales marcadamente desiguales en armas, dinero y hombres; de allí que la cultura, la identidad y el territorio adquieran cada vez mayor importancia estratégica para los mercados…” (UNAD, Especialización Educación Cultura y Política. Asignatura Perspectivas Culturales. Módulo del curso.)
El reconocimiento de la existencia de las minorías étnicas y culturales, es el primer paso hacia una política social sana desde el punto de vista de la participación en un gran diálogo nacional. Hacia adelante habría que revisar el papel de entes como la Comisión Nacional de Televisión, las instancias encargadas desde el Ministerio de Cultura, del teatro, de las artes visuales, la música, las expresión corporal, lo artesanal y las letras. Ya que desde ellas, se dan las planeaciones, ejecuciones y evaluaciones de las estrategias culturales. Desde lo privado, lo que realizan festivales como el Iberoamericano, el festival de cine de Cartagena, el “hay Festival”, el festival de música de Cartagena, que están diseñados para atraer a un público de determinada clase social e incluso a extranjeros. La forma como estos espacios, no solo  incluyen en sus programaciones, manifestaciones populares, sino como esta participación está determinando un cambio sustancial en las relaciones ciudadanas y con ello, un mejoramiento de las condiciones mismas de estas, mediante una relación, no solo coyuntural mientras duran los eventos, sino a lo largo del período que transcurre entre cada uno de estos.  Si bien es cierto, este tipo de organizaciones, hacen rentable para el gobierno, para el comercio local y para ellas mismas, la celebración de estos festivales, la marginación que sufre la ciudadanía es evidente. En los eventos celebrados en Cartagena, grandes sectores de la ciudad, sobretodo en la parte amurallada, quedan vedados para el resto de la población, que viviendo en el cinturón de miseria, necesitan ir a trabajar a las zonas turísticas, lo que se convierte en una doble desgracia. A la imposibilidad de poder disfrutar y nutrirse de los espectáculos y sus mensajes, se une la dificultad de desplazamiento, en medio de una ciudad acordonada, cerrada y solo al servicio de los usuarios del bien cultural. Por otro lado, esta marginación, oprobiosa por demás, no se ven en nada recompensados, por las ganancias del comercio local, ya que desde años anteriores a estos, las condiciones de miseria de estas comunidades, van en un crecimiento sostenido.
Así las cosas, el esfuerzo del artista regional, se ve opacado por el reconocimiento de una versión de lo cultural, ligado al turismo internacional y no a las manifestaciones raizales, habiendo una clara diferencia, marcada por la presión de una globalización, que promete al turista, como una gran ventaja, encontrar los mismos cánones y protocolos culturales y sociales, en todas las partes a las que vaya… Algo así como unas “condiciones de civilización”, que le aseguren sus supervivencia, sobre todo después del episodio de las torres gemelas, que disparó una fobia hacia todos los valores regionales del llamado tercer mundo.
Si esta política se variara y el trabajo del artesano, el fabricante de instrumentos, el alfarero, el ceramista, el orfebre, el músico regional y en general el de todos los artistas y trabajadores de la cultura, se pagarían derechos de autor, por todas sus obras, lo que en parte mitigaría sus precarias condiciones, sin embargo, ni las organizaciones de estos eventos, ni el gobierno local, ni las autoridades centrales, están dispuestas a alejar a los inversionistas foráneos, dándole el mismo valor a los artistas locales. “…el pintor del Quattrocento -se sabe por la lectura de los contratos- debía luchar contra quienes le encargaban obras para que éstas dejaran de ser tratadas como un simple producto, valuado según la superficie pintada y al precio de los colores empleados; debió luchar para obtener el derecho a la firma, es decir el derecho a ser tratado como autor, y también por eso que, desde fecha bastante reciente, se llaman derechos de autor…” (BOURDIEU PIERRE. Sociólogo, profesor del Colegio de Francia. Artìculo “Más ganancias, menos cultura”.)
Por eso, resulta de singular importancia, el papel de las organizaciones estatales y particulares, de índole regional, que preparan, celebran y retoman eventos como el festival “Mono Nuñez”, en Ginebra Valle. El “Festival de la Tambora” de ovejas Sucre, el “Festival de blancos y negros” de Pasto, el “Festival del joropo en Villavicencio”, el festival de “Teatro de Manizales”, los festivales del retorno, en casi todos los grandes municipios del país… Entre muchos otros, que logran mostrar las esencia cultural de las comunidades, en su más puro estado.

¿Qué podría considerarse como "buena cultura" y bajo qué parámetros se podría juzgar la producción cultural?
Este factor, se determina, desde diferentes espacios. Yendo desde la base social, se podría decir que cada persona, es un forjador de cultura y en esta perspectiva, debe hacerse partícipe en una construcción de la diversidad, casi que con una mirada de investigador… Ir donde el otro a mirar el por qué de su manifestación cultural, despojándonos de la herencia española, que arrasó el pensamiento y proceder indígena, en la primera manifestación de condena hacia un pueblo, sobre suelo latinoamericano. Estamos más influidos, por ver en la otra persona una antagonista de nuestros gustos, los que deben ser impuestos por razón o fuerza, sobre los otros y otras. Seguido están las organizaciones barriales o municipales, de trabajo cultural, las que pueden encargarse, de trabajar de la mano con facultades de antropología, historia y artes, para identificar y caracterizar, mediante procesos académicos y de investigación, las raíces de la identidad cultural, que de ninguna forma tendrían que ser coloniales o pre colombinas… Si no fruto de la constante reacomodación e intercambio entre factores artísticos y culturales.
El papel de la escuela inicial y primaria, es fundamental, en tanto se le dé más importancia  a aspectos como el pensamiento diverso, que al aprender inglés o a la lectura y escritura como actos presionados y no como resultado de un proceso consciente. Con este solo impulso inicial, los niveles secundarios y de educación superior, aportarán elementos teóricos y prácticos que reforzarán un criterio amplio, del acto cultural. Las políticas de los gobiernos locales y de las  ciudades, deben recabar sobre las identidades, que les hacen reconocibles, al igual que hacer parte de un sistema nacional  de cultura, que se preocupe más por la inclusión de todo tipo de manifestación, en cambio de colocar obstáculos de forma, que justifiquen su acción burocrática.
Finalmente, las políticas culturales, deben hacer incluyente el parecer de las comunidades, deslindando su acción de los grupos económicos, lo que les convertiría en agentes de cambio social, en vez de administradores de un presupuesto al servicio del sector privado.  “…Hasta hace no mucho tiempo América Latina comprendía un número importante de culturas, homogéneas a su interior, escasamente comunicadas entre sí y desarticuladas de los proyectos nacionales; con la concentración de población en los grandes centros urbanos, sobreviene una trama social de carácter heterogéneo, donde cada núcleo cultural queda expuesto a otras expresiones que sirven de contraste y alteridad…” (UNAD, Especialización Educación Cultura y Política. Asignatura Perspectivas Culturales. Módulo del curso.)
Resulta de vital importancia, el papel de las asociaciones de compositores y derechos de autor, ya que ellas dignificarían la acción de los compositores, escritores, artistas en general. Casos tan lamentables ya la vez tan emblemáticos como el del maestro Crecencio Salcedo, quien murió enfermo, vendiendo flautas de caña, deambulando por las calles de Medellín, después de haber compuesto piezas como “Mi cafetal”. O los casos recientes de Etelvina Maldonado y Paulino Salgado “Batata”, ambos representantes del canto de los negros del caribe, explotados hasta el extremo por los empresarios, quienes sin las mínimas condiciones salariales, emprendían correrías dentro y fuera del país, dándoles como contentillo, la oportunidad de viajar, mientras que ellos y sus representantes, cobraban millonadas, presentándolos como artistas de la “World music”, en los veranos de Europa. “…se puede pensar que una política de inversión económica en los productores y los productos llamados de calidad, al menos en el corto plazo, podría ser rentable, incluso económicamente (siempre que se cuente con los servicios de un sistema educativo eficaz).De este modo, la elección no es entre la mundialización -es decir la sumisión a las leyes del comercio y, por lo tanto, al reino de lo comercial, que siempre es lo contrario de lo que se entiende universalmente por cultura- y la defensa de las culturas nacionales o de tal o cual forma de nacionalismo o localismo cultural…” (BOURDIEU PIERRE. Sociólogo, profesor del Colegio de Francia. Artìculo “Más ganancias, menos cultura”.)

Para una “Buena cultura”, es necesario dejar de lado el oportunismo tanto gubernamental, como de la empresa privada, quienes convierten proyectos nacidos de las dinámicas de las comunidades, en “exotismos”, mostrados como movimientos independientes del gran mercado de Miami, sin embargo son otro Miami en proporción más pequeña, con sus mismas dinámicas de tributación a quienes manejan los medios y los contactos, que vuelven estrella a cualquier persona, mediante un impresionante aparato propagandístico, que en su gran mayoría prefabrica lo que en realidad es el artista. Se sigue por otro lado, entendiendo el reconocimiento artístico, como resultado no de una acción comunitaria, identificada con una cultura o comunidad específica, sino en la idealización de un ser, sin identidad, bastardo culturalmente, dispuesto a hacer todas las transformaciones, que los estudios de mercado indiquen para alcanzar los rating y las ventas de sus productos… Casos como el grupo centroamericano “calle 13” o el colombiano “Chocquibtown”, además de todo el movimiento independiente latinoamericano, comienzan a abrirse espacio entre la mercancía humana, que poco a poco y por presión de los movimientos sociales, tiene menos espacio en el gusto diverso de los pueblos. “…Éramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño. Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España. El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se iba al monte, a la cumbre del monte, a bautizar sus hijos. El negro, oteado, cantaba en la noche la música de su corazón, solo y desconocido, entre las olas y las fieras. El campesino, el creador, se revolvía, ciego de indignación, contra la ciudad desdeñosa, contra su criatura…” José Martí. ((UNAD, Especialización Educación Cultura y Política. Asignatura Perspectivas Culturales. Módulo del curso.)

Orlando Martínez Triana.
311 483 83 35
negromartri@gmail.com
Junio 2 de 2011.

ALGUNA VEZ, LA CONVIVENCIA CULTURAL, FUE MÁS ALLÁ DE LA TOLERANCIA

Por la década de los setentas del siglo pasado, en Bogotá, existían las plazas de mercado, como únicos centros de abastecimiento en los barrios populares. Aún ahora, en las zonas de llegada de las familias espantadas por el fantasma de la muerte que produce el desplazamiento forzoso, existen replicas en miniatura, pequeños comercios de legumbres, sobre las calles destapadas y las improvisadas plazoletas de los barrios convenientemente estrechos, diseñados por los urbanizadores piratas. La principal de esas plazas, era la de “paloquemao”, mucho antes de que se construyera la central de abastos (CORABASTOS). Además de esta, existía un mercado de animales, sobre la calle 13 o avenida Jiménez, con 32. Para mí, la plaza, fue el escenario principal para entender algo que me hubiera tomado hacer muchos viajes. La plaza del barrio “La Trinidad”, era de toldas remendadas, papeles de colores para la fiesta de la virgen del Carmen, bombillos intermitentes para la navidad, faroles para el 7 de diciembre, olor a incienso en las semanas santas y pólvora para las navidades. Era un escenario que cambiaba su apariencia y sus actores, cada fin de semana, era un potrero desnivelado, surcado por hileras de cajones, toldados con lona de camión. En él, cada marchante, vendedor o vendedora, sabía de su producto, porque provenía del sitio donde se cultivaba, por lo que era fácil encontrar a la señora del pañolón negro y el sombrero de paño, corpiño y combinación debajo de las enaguas que cubrían finalmente las faldas, con sus embarradas alpargatas, ofreciendo los huevos de yema colorada, las almojábanas, las génovas, los duraznos, los quesos envueltos en hojas verdes y la chucula de Boyacá. Cerca de ella, estaba el vendedor con pinta de calentano, supremamente hablador, hábil y desenvuelto en su actuar, con una maleta abierta de par en par, que en una de sus tapas tenía papelitos de colores, con números y en otra pollitos de colores fosforescentes, era el más citadino de todos. Al entrarse entre el laberinto de carpas, cajones con niños adentro, guacales y montones de cáscaras y bultos, se encontraba el comerciante de pescado, que sobre enormes bloques de hielo, con una paleta erizada de puntillas, le quitaba las escamas al bocachico del Magdalena, hablando de la última subienda en Honda. Más allá el de los plátanos, que se llamaba Manuel, con un sombrero gardeliano, venido a menos, por las constantes lluvias y resolanas, de acento tolimense o huilense y ademanes tan lentos como el transcurrir de la vida en su región... Al fondo estaban las famas, con sus comerciantes ensombrerados a lo llanero, grandes cuchillos que apenas rozaban sobre las pieles de las reses, colgadas de una pata de un tubo de hierro, para separar su cuero a manera de abrigo, destazando, parte por parte todo el animal. Los furgones vetustos, sin ningún sistema de refrigeración (Estos llegaron muchos años después…) chorreaban de sangre, que impregnaba los overoles blancos de ayudantes, que podían desaparecer debajo de una enorme pierna o un costillar, convirtiéndose en una especie de masa sanguinolenta que gritaba “Cuiao, cuiao… Alla voy… Cuiao…” mientras quedaba tras de sí el chorrión rojo, que los perros olfateaban, esperando la caída del mínimo pedacito de carne… En la zona de las frutas, estaban quienes sabían de ellas, las mujeres de tierra caliente, de los puertos cundinamarqueses de Girardot y Beltrán, familiares por cierto, de un amigo mío. La parte tal vez más impresionante era el de los artesanos, uno de ellos, un santandereano de sombrero blanco y bigote impenetrable por la luz, de temperamento fuerte. El olor de las escobas, cabuyas, trampas para ratón, ruanas y cobijas, mochilas, costales, se juntaban con los aromas de la alhucema, una especie de colonia que usaba mi abuela. El puesto de los “cosméticos”, era el mismo de las fantasías, venidas de San Cristóbal, Venezuela, que por ese entonces equivalía a lo que hoy sería Beijing o el “silicon valley…” Había transistores de pila, linternas, aretes, perfumes y lociones. Como por destinación, justo al frente, estaban los puestos de las hierbas, con mujeres sabias, que
competían en idoneidad y diagnóstico precoz, con el Dr Santo Domingo, el único del barrio… Por la salida de esta placita, se encontraban los indígenas del Sibundoy, con sus ruanas de franjas azules, rojas y negras, sus anillos de acero, los cascabeles y azabaches para el mal de ojo de los niños, sus plumas de aves milagrosas que devolvían al ser querido y los elixires para la fortaleza sexual, masculina, por supuesto!!! Y para finalizar este cuadro de las mil maravillas, las cocinas humeantes, llenas de calderones enormes de los que se escapaban aromas de lechona, tamal, caldo de pajarilla y de raíz, creadillas y claros de sangre cocinada… La plaza tenía el encanto del encuentro de las todas las culturas, experiencia que solo volví a repetir, cuando siendo estudiante de primer semestre, en la Universidad Nacional, iba a almorzar a la cafetería, que después cerrarían irremediablemente.
Por algunas láminas, correspondientes a la comisión corográfica, se observa que desde principios del siglo 18, hay un nutrido intercambio comercial, entre lo que quedó de los asentamientos indígenas y los negociantes de la ciudad y esta realidad de la década del setenta del siglo pasado, no era lejana a este hecho histórico. La cultura de la plaza hace posible colocar en un solo plano, lo que la postmodernidad descuartizó y la globalización atomizó. La cultura se fue transformando en una colcha de retazos, muchos de los cuales se fueron haciendo cada vez más pequeños, con la entrada de los medios masivos audiovisuales, como el cine norteamericano y más tarde la televisión. Posteriormente, la “EDIS”, empresa distrital de servicios, construyó una plaza tipo bodega, que hasta hoy existe. Con ella, llegaron los grandes graneros y distribuidores mayoristas de cárnicos embutidos, esto fue el principio del fin de la antigua plaza, ya que en ella, solo pudieron entrar quienes poseían recursos para pagar un lugar sobre poyos de cemento, debidamente señalizada y con cada vendedor uniformado. Se quedaron por fuera los indígenas, los andariegos de las rifas, la mujer del mute por libras, el carretillero que traía y llevaba mercados, el hombre del rifle neumático del tiro al blanco, la señora del pañolón y una serie de dinámicas, que finalmente se olvidaron. La llegada posterior de los primeros almacenes de cadena, que comercializaron frutas y verduras (Carulla, Pomona, Olimpica), significó un modelo a imitar, con el fin de competir con las plazas llegando a los centros comerciales actuales. Dentro de ellos hay supermercados, que son una sinfonía en una sola nota, un paisaje cultural, que además de estar hecho en un solo color, no posee medios tonos y que dura mientras uno esté mentalizado de su imperiosa necesidad.
De esta forma, el valor cultural se ha ido transformando, más por presiones de tipo económico e imposiciones de roles sociales, que por un diálogo consciente entre sectores de la sociedad. Alrededor de la mayoría de las plazas, crecieron los negocios, los camellones del comercio significaron la génesis de la identidad cultural de las poblaciones. En sus calles florecieron los bares, los restaurantes, la llegada de los buses y los hoteles y hoteluchos, del permitido amor, del prohibido, de la buena y la mala muerte… La representación del corazón civilista de la cultura latinoamericana, por lo fiestera, incluyente y despojada de estratificación, es la plaza de mercado, libre y sin condicionamientos económicos o sociales. Si alguien llegaba tarde a su casa o no llegaba, sabía que en la plaza y sus alrededores, estaba su desayuno, su dormitorio y un ambiente de familiaridad, porque en la plaza todos saben quién es forastero y quién no, e igual para todos abría sus pasadizos y rincones. Los autores amigos de la historiografía oficial, sobre el tema del crecimiento de la ciudad, identifican la iglesia, como epicentro de la civilización, siendo realmente la encargada de la propagación no solo de la evangelización, sino de la educación que sostenía el orden jerárquico del poder social establecido. Antagónicamente, la plaza es el espacio en donde se robustece la identidad de la resistencia ciudadana y es esa misma imagen tachada de “caótica”, la que utilizó la publicidad de los nuevos conglomerados comerciales, para sancionar socialmente por medio de
mensajes excluyentes, impregnados de un sentido de seudo - desarrollo que no hizo más que “ocultar higiénicamente la miseria”. La plaza generó el lenguaje, los imaginarios y el discurso popular y en ella se gestaron las identificaciones en torno a una herencia social, cultural y política. Y esto, en esencia es peligroso, para un poder que necesita hacer olvidar lo colectivo para individualizar, afianzando su explotación. Si había un espacio de convivencia, este se dio en la plaza de mercado. Una convivencia que fue más allá de la tolerancia, entre las propias marchantes y marchantas, que ayudaron a criar a sus hijos, haciendo de los guacales, la primera guardería. La convivencia se dio adicionalmente con la población circundante. La relación entre marchantas – marchantes y mi abuela, por ejemplo, le permitía ejercitar el arte del “regateo”, la buena costumbre del vendaje y el encime, ejercicio que hoy, no solo es estratégicamente catalogado como vergonzoso, sino imposible de realizar frente a un cajero satelitalmente vigilado, en cualquier supermercado.
El concepto de desarrollo, ha insistido en aspectos de “comodidad”, de “higiene” y de “calidad”, pero nunca ha dado la discusión en términos de generación de identidades y valores sociales de clase. La eliminación de las diferencias, hace aparente una sola sociedad de las gentes anónimas, evitando las características propias que marcarían diferencias importantes a la hora de un diálogo social. El que ese diálogo esté aplazado debido a toda una política de invisibilización de la cultura popular, no ha hecho otra cosa que tensionar sobre manera las relaciones actuales, que evidencian altos índices de violencia e inseguridad, curiosamente mucho más altos y determinantes, alrededor de los nuevos templos del comercio… los centros comerciales.
Las nuevas franjas poblacionales, que eran el recambio de los primeros pequeños comerciantes de las plazas de mercado, hoy llegan a la ciudad, debido al desplazamiento forzado, sin encontrar espacios similares, sin medidas restrictivas, ni identidades regionales, por lo que tienen que mimetizarse con apariencias contemporáneas, sumándose al fenómeno de las ventas callejeras. En este sentido, la plaza legitimaba el uso del espacio público, compartido de manera generosa por la comunidad, debido a la necesidad de alimento. El uso del suelo urbano, ha sufrido un viraje, en favor del comercio institucionalizado, bajo la lógica de que su pago de impuestos, le otorga el derecho de ignorar las necesidades del ciudadano común y corriente, a quien además no le reconocen, como útil, para sus propósitos de lucro. En esa perversa práctica, emiten publicidad y propaganda en la que estereotipan el “ciudadano de bien”, como aquel, con más capacidad de compra, determinando la valoración estratificada del ser humano. Es igualmente reconocible el que los grandes comerciantes, intenten regularizar los procesos tributarios a nivel social, con el fin de abarcar la mayor parte de la población en sus propósitos mercantiles. Sin embargo, sus expresiones culturales, se legitiman en su capacidad económica, dejando al margen otras expresiones. Siendo esto lo “normal”, en materia de participación ciudadana, nada puede hacer un ciudadano normal, frente a la exigibilidad de sus derechos vulnerados cuando la ley beneficia con una norma la expresión, comunicación e implementación de valores y prácticas, por parte de una agremiación comercial. Finalmente, este proceso pone de manifiesto, el que la concepción de desarrollo, no puede ser unilateral, tiene que ver con factores de tipo socio – humanista, aún más que con ventajas de forma, como la arquitectura, el aparente orden o la inexistencia de la diferencia. Los escenarios de expresión y relación cultural son diversos y cumplen una sola función, el diálogo sobre la diferencia, para llegar a soluciones incluyentes, sin ausencia de ningún sector social.
 
ORLANDO MARTINEZ TRIANA. JUNIO DE 2011.

CONCEPTO DE CONVIVENCIA, ASOCIADO AL DE EXPRESIONES CULTURALES

Para la elaboración de este ensayo, me voy a basar en varios párrafos de la segunda unidad. Los he escogido porque me llaman la atención por su planteamiento y por la connotación que esta tiene sobre el sentido de la convivencia y su relación con las expresiones culturales, entendidas como el ejercicio que va más allá de “permitir que quien piensa diferente, exista o llave a cabo sus prácticas, sin molestar…”. Me refiero a un intercambio permanente, con un sentido de edificación mutua entre dos partes diferentes y a veces, diametralmente opuestas. Esto acaso, podría llamarse COEXISTENCIA.

La primera frase: “…Un ejemplo trivial es lo que sucedió con la famosa manzana de Adán en el paraíso, ninguna escritura bíblica hace alusión a una manzana, eso fue algo que se popularizó luego de un concurso de pintura efectuado en el renacimiento en el que Miguel Ángel resultó vencedor con su visión del paraíso, en adelante el mito de la manzana de Adán tomó fuerza y se concibió todo un paradigma en torno al tema que no pasaba de ser la visión particular de un artista pagano. (Goyeneche Rodríguez Jhon Mauricio. Módulo CONVIVENCIA Y EXPRESIONES CULTURALES. UNAD.), contiene una lectura exclusiva de lo simbólico, que si bien es cierto se ha vuelto anécdota debido a las intenciones de eludir la responsabilidad histórica, que tiene la evangelización. Por eso, desde los primeros tiempos, se ha alejado del análisis de dos puntos básicos: El acto de la verdad justiciera, en la persona del carpintero de Belén, por encima de cualquier otro interés (Rasgo del cual carecen la mayoría de sus fieles y devotos…) y la condición femenina en la historia bíblica. Este segundo aspecto, tiene en nuestro medio un interés singular, debido a la deformación que la presión del patriarcalismo, ha aplicado sobre los espacios culturales, sociales y políticas, con el fin de mantener sus privilegios. Es precisamente el evangelio, una de las argumentaciones, que sostiene y naturaliza condiciones de violación constante de derechos sobre las mujeres. Es la mujer la “culpable” en la tentación a un macho “inocente” y esto la proscribe en toda la historia del pueblo hebreo, en la que son los hombres, revestidos de profetas, jerarcas, espíritus y del mismo dios, quienes guían y determinan el curso del deber ser moral y espiritual.

Por medio de la violencia, esa misma ventaja masculina se impone a los pueblos primitivos de toda América, en los que las mujeres representaban la línea hereditaria, el consejo sabio, la idea de fertilidad, el depósito de la herencia cultural y mitológica, y la autoridad político - administrativa, entre muchos otros papeles predominantes. En este punto es donde hombre y mujer, dejan de CONVIVIR O COEXISTIR y comienzan una relación de explotación y de dependencia. Son todos esas desmemorias causadas por la inquisición, la moral y actualmente la gran alianza entre el poder político y militar, las que robustecen, con el auge de más y más sectas e iglesias, unas relaciones desiguales, entre mujeres, que permanecen en el ámbito de lo privado, mientras que los patriarcas, guían el mundo de las cosas del hacer, lo público. Así pues, el concepto de una convivencia incluyente y dinámica, puede ser afectada gravemente por una estrategia conscientemente premeditada desde estructuras con gran poder económico, que desean conservar a las mujeres lejos del poder, mediante la prohibición y la sumisión ante el mundo de los machos, auto - declarados artífices de la historia… Podría decirse que desde el ingreso de la evangelización en el mundo de las culturas precolombinas, la convivencia fue afectada por una idea que enfrentó las realidades femeninas y masculinas, anteriormente complementarias y correspondientes. Las expresiones culturales también fueron alteradas, prohibidas manifestaciones como la lengua, la religión, la culinaria, la educación, entre muchas otras manifestaciones.

El segundo párrafo, “…Así por ejemplo en Colombia se distingue con facilidad qué es un vallenato o qué es un popurrí, o qué es un bambuco, o qué es un mapalé, o un sanjuanero, etc y del mismo modo como se reconoce la diferencia cultural entre las danzas se resalta paralelamente la brecha entre los grupos humanos que las interpretan…” …” (Goyeneche Rodríguez Jhon Mauricio. Módulo CONVIVENCIA Y EXPRESIONES CULTURALES. UNAD.) En ella, el autor quiere muy seguramente, dar al aspecto de la diversidad musical, un sentido central en la construcción de la convivencia, sin embargo menciona la palabra POPURRÍ, como un aire o ritmo nacional, al estilo de las cumbias y torbellinos… Mientras que el popurrí es una selección de partes de un todo, que han sido puestos a “convivir…” dentro de un contexto. Sin tener certeza acerca de la intencionalidad del autor, de este “lapsus”, se evidencia en ella, una de las mayores debilidades en la construcción de la CONVIVENCIA: La confusión entre armonía y homogeneidad.

En escuelas, colegios, empresas y organizaciones humanas en general, la CONVIVENCIA, se asocia al sentido de la fidelidad con un modelo imperante. Quien CONVIVE O COEXISTE EN PAZ… es porque ha hecho una negación de su singularidad, ha silenciado su diferencia, en favor de una inexistencia de la deliberación. Y es en este extraño y a la vez terrible supuesto, en el que se fabrican los planes de pacificación, las campañas de prevención y las políticas públicas. El querer por fuerza hacer partícipe a una persona o grupo, en una sola intensión convenientemente mayoritaria, como el país, la patria, la democracia, la libertad, el desarrollo, el bien común, las buenas costumbres y hasta la moral…, significa el fin del diálogo individual y social. De la dialéctica, como sistema de construcción de conocimiento. En las expresiones culturales, se da una baja sensible en la producción de nuevas propuestas en el arte, en las costumbres y prácticas. Se detiene la evolución social.

El tercer párrafo, tiene que ver con: “…Varios ejemplos históricos ilustran al respecto. La santa Biblia es quizás uno de los compendios de ética y moral más grande de la humanidad, en sus letras no sólo se encuentran hermosos fragmentos poéticos, sino también alusiones históricas, tradiciones, leyendas, mitos y por supuesto un sin número de enseñanzas que han afectado la existencia de millones de personas en el planeta, paradójicamente es un escrito de origen hebreo con una marcada influencia egipcia, por tratarse de una elaboración ejecutada durante el tiempo en que los hebreos fueron esclavos de los egipcios, más de cinco mil años de tradición se albergan en éste compendio…” (Goyeneche Rodríguez Jhon Mauricio. Módulo CONVIVENCIA Y EXPRESIONES CULTURALES. UNAD.) En la intencionalidad del párrafo, se reflejan aspectos de admiración que claramente se ubican del lado narrativo, literario y un tanto histórico, pero inconscientemente, queda por fuera el contextualizar el sentido mismo de la historia judía. Un elemento que se evidencia en las descripciones del antiguo testamento, son las manifestaciones abiertamente SEGREGACIONISTAS sobre otros pueblos. Se advierte eso sí, que tal práctica reprochable, obedece a cumplimiento de alianzas, voluntades y estrategias entre seres humanos y dios. Esto mismo justifica la muerte y la esclavitud de otros grupos humanos. Es evidente también, la práctica de la eliminación social y política del que piensa diferente “LA IMPUREZA”, relacionada a las plagas y enfermedades que afectan a quienes no siguen sus preceptos divinos.

De esta manera, se fue fabricando un MESIANISMO CULTURAL, con ingredientes de poder económico, que en poco tiempo hicieron identificable un modo judío de comercio… seguido de una colocación estratégica en espacios de poder político y económico. Sin embargo este carácter, está desligado de la parte religiosa, ya que el judaísmo, discrimina al creyente según su procedencia, condición económica y racial. Un judío africano, de raza negra, no posee ni poseerá nunca los privilegios, ni posibilidades, del mismo judío newyorkino, de raza blanca… La propia producción cinematográfica judía, que anualmente se esfuerza por refrendar la deuda del mundo con el holocausto, demuestra en piezas como “La Lista de Schindler”, que la sola condición judía no era, la que hacía susceptible de prisión a un ciudadano. Era en gran medida, su condición económica. Schindler nunca es apresado ni juzgado, muy a pesar de que el argumento de Hitler, era la devolución de la banca alemana a los alemanes.

No es extraño entonces, que el texto bíblico, sea tomado como instrumento de ética y moral, a la medida de las conveniencias. Inicialmente, de la propia jerarquía judía y posteriormente de la derivación católica, representada hoy en día, por iglesias, sectas cristianas y empresas multinacionales de la fe, que en conjunción con modelos de gobierno, permeados por el interés económico, trabajan en la penetración cultural y el adormecimiento de la capacidad del pensamiento crítico de sus comunidades. El impacto sobre las expresiones culturales, es gravísimo, ya que se da una penetración hacia la familia del sector popular, la cual adopta costumbres, vocablos, vestimenta e ideología, ligada casi siempre a candidatos a corporaciones, nada espirituales y en cambio, muy dispuestos al control y gasto conveniente según sus intereses, del patrimonio local. Lo peor del caso, es la eliminación de la duda y el derecho a disentir, como se dijo, en aras a un “orden” que dogmáticamente, no admite cuestionamientos.


EL último párrafo seleccionado es: “…El teatro colombiano desde su auge en la década de los setenta marcó un hito en la historia cultural del país, ese teatro contestatario y lleno de contenido fue la base de muchas de las propuestas estéticas y de contenido escénico que hasta hoy se mantienen vivas…” (Goyeneche Rodríguez Jhon Mauricio. Módulo CONVIVENCIA Y EXPRESIONES CULTURALES. UNAD.) La proposición de contestatario, corresponde a un calificativo de reacción, ante una propuesta institucional o entendido desde el estado, “lo legal…” Esta connotación, es una fabricación cultural desde las relaciones del poder, para designar los movimientos sociales, desde lo tardío, lo que viene después de lo legítimo… Es allí, donde parte del empoderamiento cultural, tiene que auto - anlizarse, con miras a cambiar no solo la lógica del discurso, sino la propia manera de operar frente a la construcción ciudadana. Particularmente el arte, no puede ser llamado “contestatario”, porque por su propio sentido, está pensado para causar una reacción. Particularmente, el movimiento teatral colombiano de los años setentas y ochentas en Colombia, logró una conjunción de intereses, capaz de situar en cada una de las grandes ciudades del país, un grupo o dos, emblemáticos, por su autonomía y su propuesta estética. De estos, surgieron, no solo los actores que hoy se consagran como parte integral de la historia del teatro nacional, sino los escritores y directores con más influencia sobre las nuevas generaciones. Nombres como Enrique Buenaventura, Santiago García, Humberto Martínez Salcedo, Humberto Dorado, Vicky Hernández, entre muchos otros. Habría más bien que preguntarse, acerca de lo que hoy pasa en el teatro y los nuevos lenguajes de la comunicación corporal y la actuación. Sobre a calidad de las telenovelas, que acapararon no solo una manera de expresión sino, prácticas como la lectura, la charla directa, la disertación con elementos debidamente introducidos por la experiencia y corroborados por la ciencia. Es alarmante la calidad del diálogo interpersonal, remitido a la repetición de los estímulos audio visuales o a las lecciones inobjetables de los demás medios.

A MANERA DE CONCLUSIONES.

El concepto de convivencia asociado a las expresiones culturales, tiene que ver con el reconocimiento y aceptación de una responsabilidad en la transformación de las situaciones de marginación contra las mujeres, posibilitadas por las creencias y prácticas patriarcalistas, de la religión cristiana, católica y afines. En la eliminación de cualquier práctica homogenizante, que niegue la singularidad y derecho a la objeción y la libre decisión, frente a un acto o credo. Al uso de parámetros morales y éticos, que vayan más allá de la forma y lleguen al respeto de la dignidad humana, sin negación del acto lúdico y sensible, que fortalezca la fraternidad y al replanteamiento de un arte en general, que indique de manera crítica, caminos nuevos de inclusión y respeto por las expresiones de las minorías raciales y étnicas.


ORLANDO MARTÍNEZ TRIANA
311 4 83 83 35
negromartri@gmail.com

viernes, 29 de abril de 2011

Dia del diseñador gráfico
APRECIADOS DISEÑADORES Y DISEÑADORAS GRÁFICAS, DOCENTES Y PROFESIONALES DE AREAS DEL CONOCIMIENTO AFINES A LA COMUNICACIÓN GRÁFICA.
EL PAPEL DE LA COMUNICACIÓN GRÁFICA, EN UNA SOCIEDAD COMO LA NUESTRA, ES CLARIFICAR, NO CONFUNDIR, NI INDUCIR AL CONSUMO INCONSCIENTE; BRINDAR ELEMENTOS PARA ENCONTRAR ESPACIOS DE CONVIVENCIA EN LA TOLERANCIA; APORTAR ICONOGRAFÍA Y MENSAJES QUE ARGUMENTEN DESDE LA DIVERSIDAD RACIAL, SOCIAL, CULTURAL E IDEOLÓGICA; FORTALECER UNA COMUNICACIÓN VISUAL INCLUYENTE, POR  EL RECONOCIMIENTO DE LAS MINORÍAS ÉTNICAS Y CULTURALES... ...EN SÍNTESIS: DISEÑAR UN FUTURO POSIBLE.
 
 ¡¡¡¡FELICITACIONES!!!

viernes, 18 de febrero de 2011

ARTICULO SOBRE COMUNICACIÓN CONTEMPORÁNEA

A VECES LLEGABAN CARTAS…   

                    
Nijinsky, famoso bailarín del Ballet Ruso, decía por allá por los años cincuenta, que la letra de molde (la imprenta), había matado el espíritu de la escritura a mano, ya que en la tinta puesta sobre el papel, con una pluma, concurría todo lo que en profundidad, es un ser humano. No en vano, por los rasgos de la escritura, los peritos en caligrafía, emiten conceptos sobre la identidad de la persona que falsificó a su favor, el testamento abuela.  Los analistas de la personalidad van más allá, asegurando definir el perfil de quien garabatea, según el tamaño, la vigorosidad o curvatura del símbolo plasmado…  La historia nos ha mostrado, que la queja de Nijinsky, era solo la punta de un iceberg que por esa época apenas había asomado. La tecnología no solo suplantaría el rasgo personal del que escribe, sino la huella del que camina, la voz del que habla, la mirada del que observa, el olor de quien suda… La alegría de las personas contemporáneas de Nijinsky, era ya en sí una suplantación de la realidad. Al no poder abrazar, sentir el calor, el perfume y aliento del ser amado, se tenía por consuelo la carta, una carta con aroma. Si se tenía más suerte, con un mechón de cabello, una hilacha de vestido de novia, con florecitas pintadas o con colorete, dibujando unos labios que eran besados por meses, a diario, mientras llegaba otra esperanzadora carta… No era una victoria completa, sin embargo, había testimonios de vida.  

Si Nijinsky viviera hoy, tal vez lo haría por muy pocos días, antes de ahorcarse o envenenarse, porque los vestigios de vida que satisfacen a los seres humanos actuales, son impresionantemente inexistentes. Se podría decir que lo llamado “revolución de las comunicaciones”, es más el triunfo de un acto de fe sobrehumano, al creer real,  que alguien está en “contacto” con nosotros. Basta ver en andenes, paraderos de buses y sitios públicos, la cantidad de soledades, volcadas sobre un aparatico diminuto, con el cual hablan, ríen, lloran y a veces entablan gesticulaciones…  Basta experimentar la comunicación de los hijos con los padres en el hogar, anulada hace 20 años por el televisor, hace 10 por el computador y hoy… por el aparatico. ¿Verídicamente, nos estamos comunicando…?  Si Nijinsky viera nuestra extraño rito mediático, callaría agradecido, por la suerte de entonces, que le permitía recibir una carta, con testimonios olfativos, cromáticos, hormonales y  genéticos de su ser querido.  Nosotros no tenemos tal suerte, parece que de manera exponencial, en tanto crece el número y diversidad de aparaticos…, se agiganta más nuestra soledad, una soledad que no nos aterra, porque es fruto de nuestra propia naturalización de la “angustia necesaria para acceder a mejores condiciones de vida…” (…)  Ni siquiera el valor de la amistad se salva en este triste reflejo de la comunicación humana contemporánea, porque sí el problema fuera únicamente el medio de comunicación, sencillamente un retorno a la época de Nijinsky, resolvería el asunto.  El lío, es que la “mentalidad del link”, ha carcomido las propias relaciones afectivas… Como no hay testimonio físico de alguien humanmente sonriente, sonrojado, despeinado, cálido o miedoso, sino una pantalla que emite íconos y sonidos  sintéticos,  resulta fácil “eliminar” de nuestros “contactos” esa representación humanoide. Duele menos bloquear un acceso digital, que dar el último abrazo… Es menos complicado dar de baja un amor cibernético, con un “supr”, que mirar a los ojos, de manera franca, diciendo – así sea con voz temblorosa – que tenemos miedo de amar o ser amados… Y haciendo eco al reclamo de Nijinsky, es más fácil buscar en los emoticones, algo que oculte nuestro corazón ante el “ciber – conocido” ocasional, que dejar nuestro espíritu desnudo, palpitante, evidenciado en un párrafo, escrito a puño y letra, alejado o no de la ortodoxia de la academia, pero como testimonio de ALGUIEN VIVO, que todavía sobrevive para enviar una carta… …como esta carta, escrita en letra de molde...

D.G.ORLANDO MARTINEZ TRIANA.
Febrero de 2011.


Trabajo con La Universidad Javeriana


Para revisar este y mas trabajos en Ilustración.